El feedback también se construye: cómo los bloques Rasti enseñan a dar y recibir devoluciones
Hablar de piezas y no de personas: una forma lúdica de entrenar el feedback para que deje de ser una instancia temida y se convierta en un hábito del equipo.
10/29/20262 min leer


El feedback que no llega (o llega mal)
En muchas organizaciones el feedback aparece dos veces por año, en una evaluación formal, cargado de tensión y con poco margen para la conversación. El resto del tiempo se posterga, se suaviza hasta perder sentido o directamente se evita. El resultado es conocido: personas que no saben si van por buen camino, líderes que acumulan malestar y equipos que repiten los mismos errores. El problema no es la falta de voluntad, sino la falta de práctica. Dar y recibir feedback es una habilidad, y como toda habilidad, se entrena.
Una construcción que habla por sí sola
En una dinámica CorpoRasti, el equipo recibe una consigna y un puñado de bloques. Al terminar, la construcción queda sobre la mesa, visible para todos. Esa es la gran ventaja: el feedback deja de ser una opinión sobre la persona y pasa a ser una observación sobre algo concreto. "La base quedó inestable", "esta parte no responde a lo que pedía el cliente", "acá hay una idea que nadie había visto". Hablar de las piezas baja las defensas y permite decir lo que en una reunión tradicional quedaría callado.
Además, el juego genera un clima distinto. Nadie se siente evaluado por su cargo ni por su desempeño anual; se está conversando sobre un modelo hecho con bloques. Esa distancia es justamente la que habilita conversaciones honestas.
Tres ejercicios para entrenar el feedback con bloques
Construcción a ciegas: una persona arma siguiendo indicaciones de otra, sin ver el modelo original. Al final, ambos comparan resultados y practican cómo señalar diferencias sin culpar.
La ronda del bloque: cada participante agrega una pieza a la obra de un compañero y explica por qué. Es una forma lúdica de aprender a sumar sobre lo que otro hizo, en lugar de destruirlo.
Rearmar con lo escuchado: después de recibir comentarios, el equipo tiene unos minutos para mejorar su construcción. Así se ve, en tiempo real, que el feedback bien dado produce cambios visibles.
Lo que el equipo se lleva a la oficina
Cuando la dinámica termina, el facilitador ayuda a trasladar lo vivido al día a día: hablar de hechos y no de personas, ser específico, preguntar antes de juzgar y, sobre todo, entender el feedback como un insumo para construir mejor y no como una sentencia. Los equipos que atraviesan esta experiencia suelen salir con un lenguaje común y con algo todavía más valioso: la confianza de que pueden decirse las cosas sin romper el vínculo.
El feedback no tiene por qué ser una instancia temida. Puede convertirse en un hábito, en una conversación cotidiana que hace crecer a las personas y a la organización. Y para empezar, a veces alcanza con una mesa, un grupo y un puñado de bloques.
¿Querés que tu equipo aprenda a dar y recibir feedback de una manera distinta? Escribinos a CorpoRasti y diseñemos juntos una experiencia a medida. Es momento de jugar en serio.
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